Relación entre antioxidantes y enfermedades cardiovasculares y cáncer.

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Relación entre antioxidantes y enfermedades cardiovasculares y cáncer.

La mayor parte de las enfermedades que padece el hombre tienen como base una inadecuada alimentación. En el mundo desarrollado, las enfermedades crónicas no transmisibles (principales causa de muerte) como la enfermedad cardiovascular (ECV), el cáncer..., tienen gran relación con una deficiencia nutricional. En estos últimos años, la deficiencia de antioxidantes representa, uno de los factores más fuertemente relacionados con el desarrollo de estas enfermedades.

En las enfermedades cardiovasculares existen diversos factores de riesgo que se asocian con su desarrollo como la obesidad, la hipertensión arterial, el hábito de fumar, el estrés oxidativo, etc.

En la actualidad se reconoce que las lipoproteínas de baja densidad oxidadas (LDL, el principal transporte del colesterol en el torrente sanguíneo) están vinculadas al desarrollo de la aterosclerosis, progresión degenerativa de las arterias, característica en las ECV. La modificación oxidativa de las partículas LDL en las paredes arteriales dañadas (no en el plasma) provoca cambios estructurales que pueden contribuir a la iniciación y progresión de la aterosclerosis. Se ha observado que este paso oxidativo inicial se inhibe con una alta concentración en el suero de nutrientes antioxidantes, como la vitamina E.

También se ha sugerido y existen pruebas que así lo confirman, que los antioxidantes pueden influir de manera positiva en otros factores de riesgo de enfermedades cardiacas tales como el nivel de suero de colesterol de lipoproteinas de alta densidad (HDL), adhesión de plaquetas e hipertensión. Recientemente, se ha demostrado que las HDL son antioxidantes por derecho propio. Más aun parece que los antioxidantes pueden retardar la progresión de enfermedades al corazón y reducir la gravedad de la angina, daño por reperfusión e isquemia.

Por otro lado, el cáncer es una enfermedad en la que se producen desórdenes en los procesos normales de división de las células, que están controlados por el material genético de ésta. Se cree que la transformación de una célula normal en una cancerosa se efectúa a través de varias etapas que demoran varios años e incluso décadas. Las etapas de la carcinogénesis incluyen: la iniciación, promoción y progresión. La prevención de la etapa de iniciación es una estrategia anticancerígena importante, al igual que las oportunidades de inhibir el cáncer en etapas posteriores. Se considera que el daño oxidativo provocado al ADN es uno de los contribuyentes más importantes en el desarrollo del cáncer. Si una célula que contienen ADN dañado se divide antes de que el ADN se pueda reparar, es probable que se produzca una alteración genética permanente que es el primer paso dentro de la carcinogénesis. Las células del cuerpo que se dividen rápidamente son más susceptibles a la carcinogénesis, ya que existen menos oportunidades para reparar el ADN antes de la división celular.

A pesar de que el mecanismo del efecto protector no es claro, el consumo de frutas y verduras disminuye la incidencia de la carcinogénesis en diversas partes del cuerpo. En pruebas epidemiológicas se sugiere que existe protección en contra de una gran variedad de tipos de cáncer, en particular aquellos de los tractos respiratorio y digestivo y, en menor grado, en los relacionados con la acción de las hormonas. De los muchos anti-cancerígenos que ya se han detectado en los alimentos vegetales, las vitaminas antioxidantes C y E y la provitamina ß-caroteno son aquellas a las que se les ha prestado más atención. A pesar de que ha existido un entusiasmo considerable por las propiedades anticancerígenas potenciales del ß-caroteno, los hallazgos científicos sugieren que probablemente varios carotenoides diferentes estén vinculados con una reducción en el riesgo de cáncer.

OPINIÓN

Los seres humanos necesitan del oxígeno para vivir, pero, el oxígeno también causa la indeseable oxidación. En ocasiones, la oxidación produce algunas sustancias peligrosamente reactivas—los radicales libres—que se generan dentro del organismo. Pese a que el cuerpo cuenta con las defensas apropiadas contra dichas sustancias, pueden igualmente dañar componentes clave tales como el ADN, las proteínas y los lípidos (grasas). Los antioxidantes pueden estabilizar a los radicales libres antes de que lleguen a causar el daño Las pruebas de que los antioxidantes pueden desempeñar un papel importante en la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares continúa acumulándose. En la actualidad, un número creciente de evidencia sobre mecanismos biológicos y epidemiológicos vinculan a la ingesta alimentaria de antioxidantes con una reducción en el riesgo de enfermedades cardivasculares. Tal es el caso de las vitaminas A, C y E.

El mecanismo de los efectos protectores de frutas, verduras y nutrientes antioxidantes parece involucrar las primeras etapas, más que las últimas, dentro del proceso de la carcinogénesis. Por lo tanto, no existen razones teóricas ni prácticas para sugerir que las recomendaciones alimentarias para aumentar el consumo de frutas, verduras y nutrientes antioxidantes no debiesen comenzar a temprana edad. Las pruebas sobre los efectos protectores de nutrientes antioxidantes individuales son menos concluyentes, mientras que las pruebas que existen acerca de un beneficio nutricional completo derivado del aumento en el consumo de frutas y verduras son sorprendentes.

Nota: "Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la posición de la Fundación Española de la Nutrición, y son responsabilidad exclusiva del autor/es".

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