Estudio Actual del tratamiento de un grave problema: La diabesidad

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Estudio Actual del tratamiento de un grave problema: La diabesidad


La prevalencia que presenta la obesidad en  los países desarrollados se ha multiplicado por tres en los últimos cincuenta años, alcanzando si hablamos del sobrepeso a 7 de cada 10 personas.  La OMS no ha dudado en denominar a la obesidad la epidemia del siglo XXI ya que las proyecciones a un inmediato futuro son estremecedoras incluso entre países en vías de desarrollo, tato para la obesidad como para su más inmediata consecuencia como es la Diabetes.
La IDF estima que a nivel mundial pasaremos de 366 millones de diabéticos a 552 millones en 2030 (un incremento del 51%) y mientras en Europa o en Norteamérica este incremento se reducirá al 22 y 31% respectivamente, en países con menor grado de desarrollo, asistiremos a una explosión próxima a la duplicidad; así, en África se estima pasar de 14.7 millones a 24 lo que supone un 90% de incremento; en Oriente Medio pasar de 32.6 millones a 59.7 es decir un incremento del 83%; en Asia pasar de 71.4 millones a 120.9 con un aumento del 69%.
Desde el punto de vista de la prevención es mucho el campo que tenemos por delante fundamentalmente en el ámbito de la Salud Pública, lo cual involucrará no solo a todos los sanitarios sino incluso a los educadores, comunicadores, restauradores, industria alimentaria, etc.
Pero en este momento ¿que herramientas tenemos para tratar al sujeto que ha desarrollado una obesidad?
Evidentemente los recursos terapéuticos deben estar en consonancia con el grado de obesidad así como con la presencia de comorbilidades desarrolladas por el paciente con exceso de peso.
La SEEDO recoge entre sus criterios de intervención los siguientes.
Las personas con índice de masa corporal (IMC) entre 18,5 y 22, no precisan ninguna intervención ya que se encuentran en normopeso.
Las personas en normopeso (IMC de 22-24.9) que presenten factores de riesgo cardiovascular elevado o incremento ponderal superior a 5 K en el último año, se les deberá reforzar una alimentación saludable fomentando la practica de actividad física.
En pacientes con sobrepeso moderado (IMC 25-26.9) si hay presentes factores de riesgo cardiovascular elevados o una distribución central de grasa (diámetro de cintura elevado en función del sexo), habría que proporcionar consejos dietéticos, fomentar actividad física y plantear revisiones periódicas.
En personas con sobrepeso severo el objetivo seria bajar entre un 5 y un 10% el peso corporal, mediante cambios en el estilo de vida (alimentación hipocalórica, actividad física supervisada) con controles periódicos, valorando la pertinencia de tratamiento farmacológico (en la actualidad en España solo disponemos de un fármaco el orlistat).
Para el tratamiento de la obesidad grado I el objetivo seria la pérdida de 10% de peso corporal y seguimiento de las comorbilidades  con el mismo esquema terapéutico que en el grupo anterior.
En enfermos con obesidad severa y complicaciones asociadas, o con obesidad mórbida (IMC de 35-39.9 y > 40 respectivamente) además del cambio en el estilo de vida y tratamiento farmacológico, estarían indicados procedimientos invasivos.
¿Qué procedimientos invasivos están desarrollados hoy en día en el tratamiento de la obesidad?
Podríamos definir aquellos procedimientos en función de la rentabilidad sobre la pérdida ponderal conseguida, o sobre la agresividad intrínseca del procedimiento, de forma que se puede establecer una analogía con los productos financieros. Cuando se quiere conseguir mayor rentabilidad, el riesgo de la inversión suele ser más elevado; si lo que se pretende es minimizar el riesgo y apostar por la seguridad, indudablemente la rentabilidad respecto a la perdida ponderal y corrección de comorbilidades será menor.
De esta forma tenemos que los procedimientos más “inocuos” solo conseguirían pérdidas ponderales en torno al 15-20% siendo incluso resultados  temporales (balón intragástrico BIG). Entre estas técnicas invasivas menores encontramos el citado BIG, el marcapasos gástrico (en fase de ensayos clínicos), el POSE (“Primary Obesity Surgery Endolumenal”), es decir la plicatura del fundus gástrico mediante endoscopia, la plicatura gástrica mediante invaginación gástrica longitudinal o dispositivos más especiales como la endobarrier (prótesis tubular duodeno-ileal endoluminal), como decimos todos ellos en fase de control de resultados a medio-largo plazo.
Entre los procedimientos invasivos que podríamos denominar mayores, encontraríamos aquellos con mayor rentabilidad sobre la perdida ponderal y corrección sobre las comorbilidades. A los cinco años de evolución la pérdida porcentual del exceso de peso se sitúa en los siguientes resultados. Las técnicas restrictivas puras como la gastroplastia vertical bandeada, el sleeve gástrico (manguito gástrico vertical) o la banda gástrica ajustable pueden presentar una perdida de exceso de peso del 50-60% y un 48-72% de reducción de presencia de diabetes.
Técnicas mixtas como el by pass gástrico que constituyen el gold estándar de los procedimientos quirúrgicos conseguirían perdidas entre el 60 y el 75% con remisiones del 84% de presencia de diabetes.
Y por último las técnicas más malabsortivas puras como son las derivaciones biliopancreáticas que conseguirían pérdidas del 70-85% y remisiones de diabetes del 98%.

 

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