ESTRUCTURA OSEA Y CALCIO

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El calcio es el mineral más abundante en nuestro cuerpo. Está en su práctica totalidad en los huesos, donde juega un papel fundamental para su estructura y “fortaleza”. Pero no va a estar como tal, sino en forma de fosfato cálcico en combinación con otros minerales. Recordemos que el hueso es un tejido vivo que está continuamente en proceso de renovación aunque el ritmo es lógicamente diferente dependiendo de la etapa de la vida. Así, el crecimiento de la estructura ósea es más rápido después del nacimiento y en el llamado estirón puberal, alcanzándose normalmente el pico de masa ósea entre los 25 y 30 años. Pasamos después a una etapa de relativa “tranquilidad”, y es a partir de los 40-50 años cuando comenzamos a perder hueso de manera gradual, lo que se acentúa en el caso de las mujeres tras la menopausia. Cuando las pérdidas son excesivas, como sucede en el caso de la osteoporosis, se producen cambios muy profundos que afectan a la arquitectura interna, originando huesos frágiles con gran facilidad para fracturarse. Ello no significa que sea el calcio el único responsable, aunque muchas veces se nos quiera hacer creer así. Además de los factores genéticos, en gran medida aún desconocidos, tenemos otros puramente nutricionales como nuestro estado en vitamina D o en otros minerales como fósforo o magnesio igualmente fundamentales. Además de esta función tan importante para el calcio en nuestros huesos, también lo vamos a encontrar en pequeña proporción regulando funciones tan importantes como la transmisión nerviosa, la contracción de los músculos, o la actividad de muchas enzimas. Nosotros vamos a tener calcio en sangre una vez que lo hemos absorbido a partir de los alimentos. Esto, sin embargo, no es tan fácil debido a que muchos alimentos de origen vegetal contienen sustancias como el ácido fítico y el oxálico que se unen al calcio y restringen su absorción. Estamos, sin duda, ante un de los nutrientes más críticos, pero que presenta todavía un gran número de interrogantes. Es importante también recordar que la eficacia para la absorción del calcio que tomamos en nuestra dieta disminuye a medida que la ingesta aumenta, por lo que deberíamos abrir un claro interrogante sobre la utilidad de tomar un exceso de alimentos fortificados en calcio. Y es que nuestro organismo en muchas ocasiones va a protestar y decir basta. Ante ello, ¿cuánto calcio realmente necesitamos?. Es muy compleja la respuesta, lo que se manifiesta en que las recomendaciones dietéticas son muy diferentes entre los países. Piénsese que en la India están marcadas para el adulto en 450 mg/día y en Estados Unidos llegan hasta los 1200 mg/día. Ello se va deber a las distintas filosofías que tenemos sobre las cantidades necesarias para proporcionar la máxima retención de calcio en la etapa de crecimiento, para lograr un pico de masa ósea óptimo, y para minimizar las pérdidas de hueso cuando envejecemos. Además, las diferencias en las necesidades debidas a la raza y al sexo parecen cruciales en este sentido. En definitiva, por lo que hoy conocemos, todavía poco, nuestras ingestas de calcio parecen suficientes en países como el nuestro.
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