Estatus nutricional de vitamina D e incertidumbre analítica

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Estatus nutricional de vitamina D e incertidumbre analítica
 No cabe duda que, actualmente, la vitamina D se ha convertido en el nutriente de moda o, al menos, en uno de ellos. El aumento de las recomendaciones de ingesta, el número de estudios publicados, las ventas de suplementos, el enriquecimiento de alimentos o la demanda exponencial de análisis en el ámbito clínico, demuestran el interés actual por esta vitamina. 

Las razones de este nuevo escenario son múltiples aunque cabría destacar dos; el efecto biológico de la vitamina D en tejidos extra-esqueléticos (actividad 1-α-hidroxilasa), lo que explica su posible asociación con patologías no óseas, y la (aparente) elevada prevalencia de déficit de vitamina D en la población, especialmente en determinados grupos. En este contexto, no obstante, es necesario señalar que la prevalencia de déficit de vitamina D en una población o grupo depende, al menos, de tres factores; el objetivo de salud, el punto de corte establecido y el método de análisis utilizado.

La determinación de 25-hidroxi-vitamina D (25-OH-D) en suero se considera como el mejor marcador de estatus nutricional de vitamina D. Este marcador puede presentarse en dos formas; 25-OH-D3, formado a partir de colecalciferol (vitamina D3) y 25-OH-D2, sintetizado a partir de ergocalciferol (vitamin D2), ambos relevantes a la hora de evaluar el estatus de vitamina D. Desde una perspectiva clínica y analítica, no obstante, existen además al menos otros dos metabolitos circulantes que han suscitado gran interés recientemente. Por un lado, el 24, 25-dihidroxi-vitamina D [24, 25-(OH)2 D], catabolito principal del 25-OH-D que representa hasta el 10–15% de los niveles séricos de 25-OH-D y, por otro, el epímero C-3 del 25-OH-D (3-epi-25-OH-D), presente en todos los sujetos y que contribuye de forma significativa (hasta el 60%) a los niveles circulantes de 25-OH-D en niños < 1 año.

¿Qué relevancia tienen estos metabolitos en la evaluación del estatus nutricional de vitamina D? Existen al menos tres razones que justifican su consideración. La primera es su importancia biológica y clínica. Además de su alta prevalencia y contribución relativa en determinados grupos, estos metabolitos son biológicamente activos por lo que pueden ser relevantes en la evaluación del status nutricional (p. ej. lactantes) y en determinadas condiciones patológicas (p. ej. enfermedad renal). En segundo lugar, su presencia tiene un impacto directa sobre la aplicabilidad de los métodos disponibles en distintos grupos de población, especialmente en relación con la especificidad, reactividad e interferencias analíticas, constituyendo un factor determinante a la hora de comparar los diferentes métodos utilizados. Finalmente, su presencia en suero tiene implicaciones tanto clínicas como epidemiológicas pues se plantea la siguiente pregunta; ¿qué incluye el término 25-OH-D (25-OH-D3, 25-OH-D2, 24, 25-(OH)2-D, epímero C3, solo algunos o todos ellos)? Obviamente, qué incluye depende del método utilizado. 

Actualmente, la determinación de 25-OH-D se realiza mediante inmunoensayos manuales, inmunoensayos acoplados a autoanalizadores y métodos directos (cromatográficos). Aunque los métodos cromatográficos con detección por espectrometría de masas se consideran de referencia, en la práctica clínica predominan los métodos indirectos (inmunoensayos) acoplados a autoanalizadores, especialmente en laboratorios con gran demanda asistencial. Más allá de la controversia sobre los puntos de corte que definen un estatus nutricional adecuado de vitamina D, diversos estudios y programas internacionales de control de calidad han mostrado el impacto de la variabilidad analítica en la evaluación del estatus nutricional a nivel individual y en la clasificación de sujetos, señalando que la prevalencia de déficit de vitamina D en una población depende del método utilizado.

Globalmente, aunque la imprecisión entre métodos y laboratorios ha mejorado sustancialmente en los últimos años (actualmente alrededor del 15%), esto no proporciona información sobre la exactitud de las medidas (desviación frente al valor “asignado”).  Así, el reciente desarrollo u utilización de métodos de referencia y materiales certificados han confirmado esta variabilidad analítica. Diversos estudios han mostrado que la insuficiencia de vitamina D (<50 nmol/l) en un grupo puede variar del 8 al 45% dependiendo del método utilizado. De forma análoga, otros estudios han descrito que el grado de acuerdo entre métodos a la hora de  clasificar sujetos en las mismas categorías fluctúa entre el 37-88%. Obviamente, el impacto derivado de esta incertidumbre analítica es doble; a nivel clínico, sobre el diagnóstico y prevalencia del déficit en la población y, en consecuencia, sobre la decisión de tratar a los sujetos; a nivel epidemiológico y de salud pública, dado que los estudios epidemiológicos constituyen una fuente importante de datos, se ha llegado a sugerir que los rangos de referencia, la idoneidad de los puntos de corte y la relación entre ingesta, niveles séricos y diferentes objetivos de salud deberían ser reevaluados.

            En resumen, todavía hoy la incertidumbre analítica asociada a la determinación de 25-OH-vitamina D hace que los distintos métodos disponibles no sean comparables ni intercambiables cuando se utilizan puntos de corte fijos. Por tanto, el diagnóstico y la clasificación de los sujetos (p. ej. prevalencia de déficit) en un determinado grupo dependerá del método utilizado. Sin embargo, la actual disponibilidad de métodos de referencia y materiales certificados así como programas de estandarización y control de calidad con valores asignados, permitirá disminuir esta incertidumbre analítica, independientemente de la controversia sobre los rangos de referencia o los niveles que puedan definir la idoneidad del estatus nutricional de vitamina D.  

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