LOS HELADOS

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LOS HELADOS
La historia de los helados data de antes de Jesucristo. Primero los chinos y después los califas de Bagdad, mezclaban nieve con miel y frutas; estos últimos le dieron el nombre de “sharbets”, que significaba bebida, de donde procede el nombre de sorbetes que hoy define los helados de agua. Ya a finales del siglo XIII, Marco Polo fue quien trajo las fórmulas a Europa. Incluso se ha llegado a decir que los helados llamados polos, se pusieron en homenaje de este conocido personaje. En aquella época y debido a los pocos medios que habían para su preparación, únicamente era un manjar de reyes y personas privilegiadas. Muchos historiadores explican cómo se preparaban y servían en la corte de Carlos I de España, de Enrique II de Francia y Carlos I de Inglaterra. Ya en 1660, un italiano llamado Procopio, abrió en París el "Café Procope", donde además de café se servían helados, popularizando así el delicioso postre. Durante muchos años los heladeros italianos, guardaron celosamente el secreto de preparación de los helados. Sin embargo, a lo largo del tiempo como vendedores ambulantes lo difundieron por toda Europa. Ya en el siglo XVIII, las recetas de los helados empezaron a incluirse en los libros de cocina. El helado es una excelente fuente de energía. Aporta entre 200 y 250 calorías por cada 100 gramos en el caso de los helados lácteos, mientras que los de agua, que no incluyen grasa en su composición, y los helados light, con muy poca grasa y edulcorantes no calóricos, aportan bastantes menos calorías. El hecho de que sus componentes sean completamente asimilados y que contenga más de proteínas y más carbohidratos que la leche (helado de leche), hacen de él un alimento ideal para los niños en periodo de crecimiento. Las proteínas de la leche contenidas en el helado son de excelente valor biológico, puesto que contienen todos los aminoácidos esenciales. Al igual que la leche, es una de las más importantes fuentes de calcio, fósforo y otros minerales importantes para la formación de huesos fuertes y sanos. Además, la grasa, las frutas y los frutos secos adicionados a nuestros helados, aportan vitaminas como la A, C, D, E y K, que junto con los minerales aseguran el funcionamiento de importantes mecanismos biológicos necesarios para un adecuado desarrollo del organismo. En su delicado proceso de elaboración se controlan las diferentes etapas para conseguir que el producto final tenga la textura y el sabor adecuados. Se vigilan los tiempos y las temperaturas del proceso permitiendo garantizar una excelente calidad. Si un helado se presenta granulado o tiene cristales de agua significa que en algún momento de su elaboración se ha realizado alguna operación incorrecta. El mercado español de helados ronda los 285 millones de litros anuales, por un valor cercano a los 1.050 millones de euros. El consumo en España ha aumentado en los últimos años, situándose en la actualidad cercano a los 6 litros por persona y año. Aunque se ha producido una desestacionalización del consumo, éste aún se concentra en los meses de verano, extendiéndose también a los meses de abril, mayo y septiembre. Las comunidades autónomas de mayor consumo son la Comunidad Valenciana e Islas Baleares, mientras que en el otro extremo se sitúan el País Vasco, Cantabria y Canarias. Los españoles consumimos cada vez más helados en el hogar y comenzamos a verlos como un producto cotidiano de la cesta de la compra. En este mercado doméstico, las presentaciones más demandadas son los multipacks, que ya representan el 38,6% de las ventas en volumen, a continuación aparecen los graneles (23,2%) y bloques (22,9%) de helado, y finalmente las tartas (12,7%) y los helados individuales (2,6%).
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