EN BUSCA DEL PESO SALUDABLE

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EN BUSCA DEL PESO SALUDABLE

Durante mucho tiempo se consideró que el exceso de peso, e incluso la obesidad, eran signos de salud y bienestar, por lo tanto, una imagen social y sanitariamente aceptable, hasta el punto que a las personas ligeramente delgadas, lo que científicamente se consideraría como de peso saludable, se las consideraba no sólo mal alimentadas sino que con frecuencia se creía que estaban enfermas, y coloquialmente se les decía: “Nena, estas tísica” (año 1950).

No obstante, a lo largo de la historia, diferentes sabios en la más amplia acepción de la palabra, han llamado la atención en la dirección adecuada acerca de los inconvenientes y peligros del sobrepeso y de la obesidad. Así:

- Hipocrates decía que la obesidad era causa de infertilidad y obesidad.

- En el libro sobre la medicina en proverbios del siglo XVII se puede leer:

“Quien quiera vivir sano, coma poco y cene temprano”.

“El mucho comer trae el poco comer”.

- En el siglo XIX, algunos autores afirmaban que la muerte súbita es más común en obesos que en delgados.

- Y por último en 1913, el que fuera Rector de la Universidad de Zaragoza escribía: Los obesos viven poco, viven mal y se mueren de repente, con más frecuencia que los que no lo son.

Modernamente han sido las compañías de seguros en EE UU las que han dado la voz de alarma acerca de los inconvenientes del sobrepeso y, sobre todo, su repercusión negativa sobre la expectativa de vida, de tal manera que el sobrepeso aumenta la mortalidad tanto en el hombre como en la mujer, un incremento del 10% aumenta el 13% en el hombre y el 9% en la mujer, si el incremento de peso es del 20%, la mortalidad aumenta en el hombre hasta el 25% y en la mujer hasta el 20%, y cuando el incremento de peso alcanza valores del 30%, la mortalidad llega al 42% en el hombre y al 30% en la mujer. Por el contrario, individuos con un déficit del 10% sobre el peso medio han manifestado la mínima mortalidad, lo que está de acuerdo con la idea de que las personas que ingieren menos cantidad de energía de la recomendada tienen una mayor longevidad.

El sobrepeso y la obesidad no sólo afectan la mortalidad con ser esto muy importante sino que además favorecen la aparición de otras patologías secundarias a la obesidad de una gran importancia: Diabetes tipo II, Cardiopatía isquémica, Hipertensión, Hiperlipoproteinemia, Colelitiasis, EPOC, Alteraciones psicológicas, Artrosis, Cáncer de endometrio, mama, ovario, colon y próstata y Síndrome plurimetabólico.

El establecimiento del peso que debe tener un individuo es un equilibrio entre diferentes factores, por un lado la moda, los intereses industriales y los intereses económicos, por otro los resultados de estudios epidemiológicos, y por último, los mensajes o consejos de los organismos sanitarios como la OMS. El resultado de este conjunto de opiniones a veces se interpreta de forma muy particular y da la impresión que el peso de un individuo es un valor fijo e inmutable, nada más lejos de la realidad.

Los elementos a considerar para calcular el peso teórico de un sujeto son: la edad, la talla y el sexo. Con estos datos se obtiene el valor del peso medio teórico, lo que podríamos considerar el modelo y este peso tiene un margen de tolerancia o una oscilación de aproximadamente un 10 % o un 15% dependiendo de la complexión, ligera, mediana o recia, de la estructura ósea y de la composición corporal.

Este último aspecto merece una consideración especial, ya que habitualmente se habla de peso pero en general en lo que estamos pensando es en volumen, que es lo que vemos. Pero además, para un mismo peso un individuo puede presentar muy distintos volúmenes dependiendo de la composición corporal, es decir, de la proporción de grasa y proteína del sujeto. Así, un individuo con menor proporción de grasa puede pesar más que otro y sin embargo ocupar menos volumen, y a la inversa, otro que tenga mayor proporción de grasa pesara menos y ocupara mucho más volumen, ya que como es bien conocido la grasa tiene una menor densidad. En definitiva, los cambios en la composición corporal que incrementan la proporción de proteína en detrimento de la de grasa pueden producir un incremento de peso con disminución del volumen, cosa que puede sorprender a algunos individuos que se someten a regímenes de adelgazamiento que incluyen programas de actividad física de cierta importancia, si no se les explica adecuadamente.

No debemos olvidar que de lo que estamos hablando es de sobrepeso y de obesidad y éstos se relacionan con un incremento de peso en forma de tejido adiposo, que es el que se asocia con los factores de riesgo antes mencionados.

Los incrementos de peso relacionados con un aumento de la masa muscular, que se conocen con la denominación de corpulencia, no se asocian con los mismos factores de riesgo que los incrementos del tejido adiposo. Sin embargo, se asocian con procesos oxidativos incrementados con producción de radicales libres y sus consecuencias asociadas, entre otras, peroxidación lipídica y sobre todo procesos de envejecimiento.

Con lo que podríamos concluir que todos los incrementos de peso, con independencia de su naturaleza, se relacionan negativamente con la salud.

No es ilógico preguntarse por qué no se ha resuelto el tema de la obesidad cuando otras patologías potencialmente mas complicadas o están resueltas o en vías de resolución. La respuesta no es fácil ya que la obesidad es una enfermedad de origen multifactorial, pero se puede intentar una simplificación y la respuesta apunta hacia que los tratamientos que se aplican no son exactamente contra el problema. La obesidad consiste en un aumento del tejido adiposo, pues los tratamientos contra la obesidad no actúan disolviendo el tejido adiposo. Esto es lo sorprendente, en la diabetes el principal problema es la hiperglucemia, los tratamientos son fundamentalmente hipoglucemiantes.

Aquí los tratamientos pueden actuar sobre la ingesta, disminuyendo el apetito, inhibiendo la absorción, aumentando la excreción, aumentando la utilización o el gasto, en definitiva no se sigue engordando, pero no se atacan directamente los depósitos de grasa, es decir el tejido adiposo.

Por último, una consideración final, social, política y económica. Si en nuestro país el sobrepeso y la obesidad no se atacan decididamente con campañas importantes de política preventiva tanto en poblaciones de niños, adolescentes, jóvenes e incluso adultos e implicando a los centros docentes, a los padres y por supuesto a los expertos, el futuro puede aparecer tan dramático que puede llegar a poner en riesgo de quebrar nuestro sistema publico de salud. La explicación es relativamente fácil, existirá más de un 50% de la población con sobrepeso y una parte importante, alrededor del 20% o más, con obesidad en un futuro cercano. Esto significa un incremento importante de la morbilidad y, por tanto, con una mayor frecuencia se producirán no sólo bajas laborales sino ingresos hospitalarios con el aumento espectacular del gasto sanitario.

Nota: "Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la posición de la Fundación Española de la Nutrición, y son responsabilidad exclusiva del autor/es".

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