El vino y la salud.

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El vino y la salud.

Cualquier alimento, y el vino no es una excepción, es beneficioso para nuestro organismo si se consume en la dosis apropiada, pero puede causarnos graves problemas si superamos la cantidad recomendada.

Las espinacas que tan indicadas están en los regímenes más dietéticos pueden causar problemas, por su alto contenido en ácido oxálico, si se abusa de ellas, el café tan recomendable como estimulante puede ser letal si la dosis de cafeína que ingerimos es exagerada y el aceite de oliva, considerada como la más notable de todas las grasas, tiene efectos muy negativos para nuestra salud, si se abusa de él, porque su alto contenido energético puede dar lugar a un excesivo consumo de calorías y en consecuencias a generar sobrepeso e incluso obesidad. Lo mismo sucede con el vino, y en este sentido se expresó el Infante D. Juan Manuel en su libro “Los Ejemplos” en el que aseguraba que “el vino es muy virtuoso y mal usado es dañoso” o Paracelso, con su famosa teoría de que un mismo producto se manifiesta como alimento, medicamento o tóxico en función de la cantidad en que se consuma.

Es abrumadora la cantidad de estudios que demuestran los efectos beneficiosos del vino, frente a diferentes patologías y muchísimas las opiniones que recomiendan la ingesta de una cierta cantidad en las comidas. El problema se complica cuando se trata de cuantificar la cantidad que podemos consumir y entonces es necesario tener en cuenta una serie de circunstancias individuales que van a determinar la cantidad de vino que va a tener efectos positivos en el organismo. La recomendación más generalizada es que se beban dos vasos en cada una de las comidas principales, en el caso de las personas sanas, adultas y que no estén incursas en períodos de gestación o lactancia.

No se ha resuelto totalmente el problema porque vaso a vasito no es una medida de capacidad y en consecuencia deberá su contenido estar en función de la masa corporal de quien bebe, o en otras palabras, deberá consumirse una cantidad proporcional a los alimentos ingeridos, que al mismo tiempo deberán estar en relación directa con las necesidades alimentarias de cada individuo. De esta forma una persona adulta que pese 90 kilogramos y con una masa corporal proporcionada, podrá consumir el doble de vino que otra que en las mismas circunstancias pese la mitad.

Hay que tener también en cuenta las circunstancias puntuales de cada uno y así, por ejemplo, debe evitarse la ingesta cuando se puedan producir interacciones con determinados fármacos, lo que normalmente especifican los médicos que los recetan y está suficientemente claro en el prospecto que lo acompaña.

Nota: "Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la posición de la Fundación Española de la Nutrición, y son responsabilidad exclusiva del autor/es".

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