ALIMENTOS ENRIQUECIDOS EN CALCIO y VITAMINA D

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ALIMENTOS ENRIQUECIDOS EN CALCIO y VITAMINA D
Por su papel en la construcción del esqueleto, el calcio se asocia siempre al crecimiento. Sin embargo, en una población bien alimentada no crece más quien más calcio consume. La pregunta surge inmediatamente: ¿Qué sentido tienen entonces los alimentos enriquecidos con calcio?. El calcio es un mineral imprescindible para el desarrollo y mantenimiento del esqueleto. Es el mineral que se necesita en mayor proporción, entre 800 y 1500 mg/día, dependiendo de la edad o el sexo. Lo cierto es que la valoración nutricional de los alimentos que pueden ser fuentes dietéticas de calcio, tanto o más que importante que el contenido de este mineral en valor absoluto, es el grado en que nuestro organismo lo puede aprovechar, la denominada biodisponibilidad que, incluso en las mejores condiciones, es siempre limitada. Así, la absorción del calcio presente en ciertos vegetales es del orden de sólo el 5%, mientras que en la leche y derivados lácteos, la presencia de lactosa, vitamina D y ciertos aminoácidos favorecen la absorción, que llega a ser del 30%. Además, la presencia de vitamina D favorece la absorción del calcio, lo que ha supuesto que muchos productos lácteos se hayan diseñado mediante la adición tanto de calcio como de esta vitamina. Habitualmente, para suplementar alimentos con este mineral se suele usar en forma de gluconato de calcio o de lactato de calcio. Sin embargo, lo paradójico es que las ingestas de calcio por debajo de las recomendadas se explican, en general, por un bajo consumo de lácteos y sus derivados, ya sea porque no les gustan o no los toleran, por lo que surge la duda del interés de la repercusión nutricional de la leche enriquecida con el mineral. También conviene recordar que actualmente se ha ampliado la gama con otros productos enriquecidos: zumos y bebidas de fruta, margarinas, cereales de desayuno, etc. El déficit de vitamina D presenta una elevada prevalencia en población española. Este déficit no es simplemente una anomalía bioquímica. Existen evidencias fisiológicas, patológicas, clínicas y epidemiológicas de que la deficiencia en vitamina D condiciona la consecución de un menor pico de masa ósea, aumenta la secreción de la hormona paratiroidea, incrementa el recambio óseo y la pérdida de masa ósea y conduce a osteoporosis, con riesgo aumentado de fractura de cadera y de otras localizaciones óseas. Este impacto sobre el hueso es mayor si existe una ingesta escasa de calcio. La administración de vitamina D disminuye el recambio óseo y aumenta la densidad ósea. Ensayos clínicos demuestran que el tratamiento con vitamina D y calcio reduce las tasas de fractura de cadera y otras localizaciones. Por otro lado, no se conoce bien el impacto que puede tener el déficit de vitamina D sobre la proliferación y diferenciación celular de células neoplásicas o no, imunoreguladores, etc., pero estudios epidemiológicos han sugerido que el déficit de vitamina D (y de calcio) puede aumentar el riesgo de algunos tipos de cánceres (colon, próstata y mama entre otros) y que áreas geográficas con bajos aportes de vitamina D son regiones con alta incidencia de enfermedades autoinmunes. Estudios experimentales avalan el papel regulador del sistema endocrino de la vitamina D en estas patologías. Por todo ello, la normalización del estado corporal en vitamina D debería configurarse como un objetivo de la salud pública. Un estado corporal adecuado de vitamina D no sólo aumenta la absorción de calcio, sino que disminuye la resorción y aumenta la formación ósea. Para adecuar los niveles séricos de vitamina D, aumentar el tiempo de exposición al sol puede ser suficiente, pero un exceso de radiación solar aumenta el riesgo de cáncer cutáneo. Deben tomarse medidas para aumentar la ingesta de vitamina D. Sobre la evidencia establecida acerca de las necesidades de vitamina D en adultos y personas de edad avanzada, parece claro que se necesitan unos 20 μg/día (800 UI diarias), bastante más de los recientemente establecidos niveles de ingesta adecuada (10-15 μg/día). El margen de seguridad con esas dosis al día es sustancial. Un exceso de vitamina D puede causar hipercalciuria y aun hipercalcemia, pero esas complicaciones no aparecen salvo que la dosis pase de 60 μg/día (2.400 UI diarias). El tratamiento con vitamina D no tiene sentido si no se aporta la cantidad de calcio necesaria, por lo cual debe ir siempre complementado con calcio. Al igual que con la vitamina D, lo ideal es el aporte dietético, bien a través de alimentos “tradicionales” o bien a través de alimentos enriquecidos. No obstante, cuando por hábitos culturales o por intolerancia digestiva no se tomen los productos que contienen calcio y vitamina D, deberá darse en forma de suplementos farmacológicos.
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